Si no tenemos a nadie a nuestro alrededor, nosotros no somos nadie, pues es la presencia de los demás la que da sentido a nuestra vida, ni siquiera Dios existe si no hubiera alguien para reconocerle como tal, de que vale tener cosas en la vida si no tenemos a quien mostrárselas, no hay logros, ni medallas, ni coronas, no hay cetros ni tronos que tengan sentido, sin alguien en frente de ellos para someterse, para alabar, para admirarse. De nada vale la autoridad del uniformado si no hay nadie para obedecer, de que vale la preparación del maestro si nadie quiere aprender, jamás tendrá éxito el mas maravilloso de los poemas si no hay quien lo lea, no existe el amor tan grande y tan maravilloso que no ame a nadie, no sirve para nada lo templado que sea el sol en las mañanas de invierno, sino hay nadie para recibir sus rayos, a nadie beneficia la lluvia sino hubiera yerba y flores que se beneficien de ella, de que sirven las iglesias si no hay feligreses, de que sirve la fe si no hay en quien creer, para que son útiles las manos si no tenemos a quien tocar, pegar, acariciar, quizás por esa causa vamos al espacio en busca de alguien que este allí para darle sentido a nuestra existencia aquí. No hay anillo tan bello que luzca en el dedo de alguien, no se ha escrito ni ejecutado la música tan bella, sino para que alguien la pueda disfrutar, no existen las limosnas sin el necesitado, de que pueden hablar las noticias que nadie escuchara, no hay comida tan exquisita que nadie probará, no hay charla amena en la mesa de un bar si solo estoy, de que vale el calor de hogar si jamás nadie entrará, de que valen las fotografías que a nadie mostraré, es por esa causa que las vidas pierden sentido, cuando nos olvidamos la importancia que tienen para nosotros aquellos que nos rodean, y cuanto mal les hacemos y cuanto nos esforzamos para alejarlos, sin darnos cuenta que ellos se llevan consigo el sentido de nuestra existencia, hoy he puesto remedio a mucho males en mi, te he invitado, te he esperado y juntos hemos compartido de nosotros, quizás un simple café de por medio, pero también palabras, miradas, atención, comprensión y confesión, tanto que la vida se goza a reventar, gracias por tu tiempo hijo mío, que me has hecho disfrutar.

El Caminante